Quilago: Una generala Caranqui

El país Caranqui

A diferencia de lo que se propone tradicionalmente, para nosotros, la civilización Caranqui tuvo un desarrollo sostenido durante dos mil años (Naranjo, 1992 y 1998).

Hacia el año 800 antes de cristo, cuando los cazadores de la región del rio Pisque se asentaron, conformaron una sociedad agro-alfarera de estructura tribal que ocupó la base suroriental del macizo de Mojanda, entre las poblaciones modernas de Tabacundo, Cayambe y Otavalo.

Hacia el año 200 después de Cristo, dicha sociedad tribal desarrolló una estructura política de orden señorial y se regó por el Callejón Interandino, entre los ríos Guayllabamba y Chota.

Es en esa época cuando los primeros cúmulos hemisféricos de tierra artificialmente depositada empezaron a levantarse en esa región. Esos cúmulos o tolas tuvieron una función astronómica.

Quinientos años después, hacia el año 700 después de Cristo, la civilización alcanzó su máximo desarrollo, cubriendo los Andes entre Latacunga y Pasto y, muy probablemente, el noroccidente  amazónico, por Sucumbíos y Napo occidentales. Es cuando  los cúmulos se volvieron cuadrangulares (pirámides truncadas) y de enormes dimensiones. Paralelamente, el territorio se cubrió de pucaráes o castillos, carreteras, canales, andenes y camellones agrícolas o surcos gigantes, a más de poblaciones cuyos restos hoy descansan bajo las modernas poblaciones del norte andino.

Sin embargo, una inesperada sequía que dio inicio hacia el año 1000 de la Era Cristiana, echó por tierra la producción de la civilización Caranqui y su estructura estatal  colapsó un par de siglos más tarde, hacia 1200 después de Cristo. El antiguo territorio estatal se fraccionó, degenerando en pequeñas unidades políticas menores denominadas actualmente como cacicazgos.

Hacia el año 1500 después de Cristo, los incas hicieron su parte atacando a esas pequeñas parcialidades políticas que, en recuerdo de su perdida unidad, se confederaron temporalmente para arrostrar la afrenta; al fin y al cabo, tenía un origen cultural común.

Los descendentes de estos confederados fueron, en último término, los que le dieron la victoria al Apu Atahualpa , en su afán por hacerse de la corona y el trono de su Cuzco natal.

Las Quilago o sonamantas (mujeres autoridad, en tsafiqui).

Uno de los rangos militares convertido después en apellido de línea femenina, que debió sobrevivir de la época de oro del estado Caranqui, es éste de Quilago. El origen de los pueblos norandinos del moderno Ecuador es costeño: por eso, muchos de sus topónimos y antropónimos pueden traducirse del idioma verdaderamente ecuatoriano  tsafiqui (mal llamado idioma Colorado). Sus líderes debieron utilizar calificativos que procedían de la región Tsáchila, de donde provenían. Así y según los esposos Costales, Quilago sería una denominación originaria de la palabra “quela” que designa al felino. Los esposos Costales nos dicen que: “los Quitu-Caras denominaron a sus mujeres guerreras sonamantas o mujeres con mando….” (1986: 20). Y que, “en homenaje de gratitud, desde entonces, inmortalizaron a estas guías llamando a sus reinas Quelagos o Quelacos; mujeres guías, especie de norte de los pueblos que habían llegado desde el mar” (1986: 21). Durante los primeros años de colonización  europea, en los Andes norteños fue  común encontrar apellidos que hacían alusión a este distintivo: Quilango, Paraquilago, Angoquilago, Imbaquilago, Arraquilago o Abaquilago, por citar unos ejemplos.

Sin duda, la comandante de Cochasquí que dirigió la defensa de ese lugar tuvo ese grado militar que al paso de los años se confundió con el nobiliario de reina. El nombre  propio de esta señora no lo conocemos, por eso, cuando hablamos de la Quilago de Cochasquí lo hacemos en el sentido de la comandante o generala de esa plaza.

La shiri pacha, madre de Atahualpa, era otra Quilago, según el cronista  Pedro de Cieza.

La Quilago y la batalla por Cochasquí

Para alcanzar una cabal comprensión del papel que jugó esta señora durante la convulsionada época de la invasión inca, hay que hacer una reconstrucción del contexto histórico en el que se desenvolvió ella y del cual fue actriz fundamental.

Llegadas las tropas de Huayna Cápac a la rivera derecha del río Pisque, reiniciaron las hostilidades entre quechuas y caranquis. El jesuita colonial Fernando Montesinos nos informa k el emperador cuzqueño halló un ejército en pie de guerra al otro lado del río. Su comandante era la Quilago. Los enfrentamientos, que costaron muchas vidas la destrucción por incendio de los puentes, tomaron cosas de dos años. A cabo de ese tiempo, Huayna Cápac se retiro para dar descanso a sus tropas y les habló diciéndoles que su dios solar le había prometido la victoria final, que ellos no debían acobardarse ante soldados dirigidos por una mujer. Para ese momento, los soldados del inca ya recuperados de su fatiga, ofrecieron combatir con energía. Paralelamente, los sacerdotes cuzqueños le dijeron a Huayna Cápac que los soldados de la Quilago fingirían dejarlo pasar el río Pisque para luego buscarlo del otro lado. Para evitarlo, el inca debía arrogar un cristal mágico con su huaraca u honda sobre unos pastizales tras de los cuales estarían camuflados los soldados caranquis. Al hacerlo –le decían los sacerdotes-, el pajonal arderá y los defensores se consumirán abrazados de las llamas. Así lo hizo y sus fuerzas pudieron sortear el Pisque y ocupar el complejo astronómico de Cochasquí. La Quilago fue tomada prisionera. Sin embargo, el inca tuvo muchas atenciones para con ellas, permitiéndole, incluso, caminar con total libertad. La señora volvió a su palacio y en un lugar privado hizo fabricar una trampa en forma de fosa para arrojar allí al inca y así asesinarlo. Mientras eso ocurría un secreto, los dos señores empezaron a enviarse mensajes, los de el eran sinceros, los de ella eran fingidos.

La ntención de la señora era arrojar en la fosa al emperador cuzqueño. En esos momentos, él tuvo noticias de sus espías en el   sentido de este atentad. Ella, que pensaba sorprenderlo , lo invito a cierta hora. Él acudió y cuando los dos estuvieron al filo de la fosa, el inca arrojó a la señora en su trampa, matándola d contado. Finalmente, hizo lo propio con los fieles sirvientes que estaban gritando del dolor por el asesinato de su señora (Montesinos, 1920: 118-119).

De lo que nos trae Montesinos, tenemos para suponer que la comandante de Cochasquí fue una mujer de lealtad, temple y determinación inquebrantables. Lideró a sus hombres en medio del combate sin dar la espalda al peligro y tuvo, después, ocasión de llevar una vida regalada si es que aceptaba las condiciones sentimentales del inca; sin embrago, ella no se dejó sobornar. Intentó aprovecharse de los devaneos del cuzqueño para asesinarlo y así continuar la guerra de liberación con más ventaja. Perdida la plaza de Cochasquí, la Quilago pudo rendirse a Huayna Cápac con la condición de llevar una vida sin preocupaciones. Sin embargo, la oficial nunca abandonó su juramento de lealtad a la patria y expuso y perdió su vida con tal de ver libre a su nación del yugo extranjero.

La batalla por Sarance

Después de la muerte de la comandante, sus soldados contagiados de su valor y patriotismo, se fortificaron en la ciudad de Sarance (Otavalo actual) y esperaron allí al inca. Suponiendo este la cólera de sus adversarios, se dirigió a Tomebamba (Cuenca actual) y envió como comandante del ejercito inca a su hermano, el auqui o príncipe Tuma. La batalla fue cruel, murieron muchos hombres de lado y lado, pero lo que mas dolor le causo a Huayna Cápac fue saber que su hermano había muerto en la batalla contra los soldados de la Quilago. Así nos cuenta el cronista Pedro sarmiento de Gamboa este episodio:”Por lo cual tornó a Tomebamba, a donde reformó su ejército para revolver sobre los Cayambes… Despacho a su hermano… contra…la fortaleza…Murió grandísima suma de hombre, tantos que no tenían por donde andar los que peleaban, sino por encima de montones de muertos…Acabaron las lanzas y flechas y arremetieron a las puñadas. Más como los del inca echasen deber que su capitán era muerto, empezaron a retirarse… De esto recibió el inca la mayor pena que nunca tuvo…” (Sarmiento, 1972: 51).

Después de esta derrota , Huayna Cápac volvió a tomar el mando de las operaciones y tras sucesivas escaramuzas logró desalojar a los caranquis. Tras la muerte del shiri y la pérdida de la fortaleza de Atuntaqui, los norteños marcharon hacia Yaguarcocha con la intención de alcanzar la fortaleza de Aloburo, que protegía el complejo astronómico que descansa en el lado oriental de la laguna.

La batalla de Yaguarcocha.

La batalla de Yaguarcocha fue brutal. Los caranquis se refugiaron en sus pucaráes o fortalezas, en empalizadas que construyeron entre los árboles e, inclusive, lago adentro. El inca atacó estas posiciones destruyendo la empalizada y la flota del lago. Finalmente, tomó a los sobrevivientes y los hizo asesinar. Fue tanta la mortandad que el lago se tiñó de sangre (Montesinos, 1920:120-123).

Sobre este acto genocida, el cronista Pedro de Cieza de León anota que:” y tan enojado estaba de ellos el rey tirano que de enojo, porque, querían defender su tierra sin reconocer su sujeción , mandó a todos los suyos que buscasen todos los más que pudiesen ser habitados; y con gran diligencia los buscaron y prendieron  a todos que pocos se pudieron escabullir; y junto a una laguna que allí estaba, en su presencia mandó que los degollasen y echasen dentro ; y tanta fue la sangre de los muchos que mataron en el agua perdió su color y no se veía otra cosa que espesura de sangre. Hecha esta crueldad y gran maldad mandó Huayna Cápac parecer delante de sí a los hijos de los muertos, y mirándoles, dijo: campac mana, pucula tucuy huambracuna, que quiere decir: vosotros no me haréis guerra, porque sois todos muchachos agora. Y desde entonces se les quedó por nombre hasta hoy a esta gente los Huambrascunas, y fueron muy valientes, y a la laguna le quedó por nombre el que tiene, que es Yaguarcocha, que quiere decir lago de sangre ”… (Cieza, 1967: 228).

La guerrilla del capitán Píntag

Pocos fueron los caranquis que huyeron de la ira del inca en Yaguarcocha. Uno de éstos fue el capitán Píntag. Con sus hombres, este oficial de nuestro ejército tuvo en jaque a las caravanas cuzqueñas que transitaban por el camino que unían las regiones con Guangopolo, Cumbayá y Carapungo. Este bravo capital y la comandante de Cochasquí se cnstituyeron en los verdaderos defensores del norte del actual Pichincha. Leamos lo que nos trae Miguel Cabello Balboa: “De el medio del furor y armas se escapó un valiente y valeroso capitán, de la valía de los caranguis, llamados Pinta, y con él más de mil soldados que quisieron seguir su fortuna. Y habiendo Huayna Cápac dado la orden y recado necesario para guarda y reparo de la bien ganada fortaleza, enderezó su viaje para Quito, y de allí  mandó gente a prender al capitán Pinta, que tenía noticias que se había hecho fuerte en unas montañas fronteras de Quito, sobre el valle de Chillo, con intento de inquietar y robar toda la tierra sujeta al inga, como lo había comenzado hacer, y aunque con gasto de vidas y tiempo, fuehabido en prisión y puesto delante de Huayna Cápac, el cual le perdonó o cometido hasta entonces, con tal que en el futuro hubiese enmienda mas el bárbaro Pinta estuvo tan pertinaz y tan obstinado en su coraje, que ni aun comer no quiso de lo que el inga le mandó dar, y procurándolo amansar con halagos más se encendía en su bárbara cólera, y al cabo de algunos días vino a acabarlo la tristeza y melancolía que recibió de verse preso, y cuando supo el inga que era muerto, tuvo pena por no poder podido atraer a su servicio a un hombre tan valiente e industrioso como era aquel bárbaro, más tomó por remedio, servirse de Pinta en muerte, ya que en vida no había podido, y así, el día que murió, lo mandó desollar y hacer de su cuero un tambor, para hacer en el Cuzco el Inti Raymi, que son ciertos bailes en honor del Sol, y para este efecto le envió allá el pellejo” (Cabello, 1945:357-358).

Conclusión

Por mucho tiempo se nos ha hecho pensar que nuestros héroes vienen del extranjeros. Incas, españoles y latinoamericanos se han convertido en modelos para la patria. Ahora, bajo una lectura detenida de la historia, encontramos personajes como la comandante de Cochasquí, en capitán Píntag, los Puento de Cayambe, Dumma, Pisar, Quirruba o Tumbalá, entre muchas y muchos otros héroes nativos. Ellos y ellas son los verdaderos padres y defensores de la nacionalidad ecuatoriana y al rescate de su ecuerdo debemos ir todos quienes aun creemos en el Ecuador.

Por: Mauricio Naranjo Gomezjurado

Fuentes:

  • Cabello Balboa, Miguel. Obras, volumen 1. Quito. Editorial Ecuatoriana. 1945.
  • Cieza de León, Pedro de. El señorio de los Incas. Lima. Instituto de Estudios Peruanos. 1967.
  • Costales, Piedad y Alfredo. Historia india de Cochasquí. Quito. HCPP. 1986
  • Montesinos, Fernando. Memorias antiguas historiales del Perú. London. Hakluyt Society. 1920.
  • Naranjo Gomezjurado, Mauricio. Instrumentos piramidales Caranqui: proposiciones vinculadas con éstos. En: revista Ceniga 10. Quito. CENIGA. Julio 1920. Pp. 47-66.
  • Naranjo Gomezjurado, Mauricio. Cochasquí: historia y etnografía. En:revista CENIGA 16. Quito. Ceniga. Julio 1998. Pp: 381-422.

 


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